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Cienfuegos Verde

Bosque y Comunidad

Árboles fundadores

Por: Harlem Eupierre

Algunos de los asentamientos humanos de nuestro país han tenido, al momento de su fundación, un árbol como protagonista. Tal es así, que en no pocos casos los sitios han seguido siendo ocupados por la misma especie a lo largo de centurias, y también hoy se le rinde culto de diferentes maneras. Aquellos hombres precursores se vieron unas veces atraídos por la hermosura de esos árboles cercanos al lugar convenido, o solo quizás por la bondad que ofrecían con su sombra y frutos, para de esta forma dejar por siempre un guardián de la memoria.

Seguidamente, se esbozarán algunas muestras de esa íntima relación referida. Conste, además, que existen muchos topónimos cubanos que tienen su origen a partir de nombres de árboles, a los que les hemos llamado dendrotopónimos, por ejemplo: Pinar del Río, Palma Soriano, Jagüey Grande, entre otros; que quizás sean también considerados como fundadores. El fomento del arbolado urbano, más que en simple ornato o tecnicismos salvables, debería estar fundado en valores socioculturales. Dicho de otra manera, los espacios arbolados urbanos y periurbanos (parques, aceras, parterres, patios familiares, arboledas, etc.) estarían bien aprovechados si, además de generar bienestar y/o ingresos económicos, aportaran valores espirituales. Esta sería una sólida contribución al desarrollo sustentable de nuestras ciudades y pueblos.

El jigüe de Trinidad

Foto tomada de http://chuchi.zoy.org/photos/cuba/m4_10.en.html

Los habitantes de la ciudad de Trinidad tienen en el jigüe o sabicú (Lysiloma sabicu) a su árbol fundador. Fue entre la Navidad de 1513 e inicios del siguiente año que, cobijados bajo ese árbol nativo, se ofició la primera misa católica y sesionó el primer Cabildo (asamblea de gobierno) de la tercera villa española en Cuba.

La mundialmente conocida ciudad-museo, que ostenta la condición de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco[1] desde1988, cuenta entre sus lugares más emblemáticos, con la Plazuela de Real del Jigüe, donde habita un ejemplar del árbol homónimo, cual nexo entre los antiguos y actuales trinitarios.

Esta especie es una de las joyas de la flora arbórea endémica cubana. Su preciosísima madera, preferida por ebanistas, artesanos y carpinteros, ha sido la causa principal del acoso a que ha estado sometida desde tiempos inmemoriales. El árbol es de una belleza singular, sobre todo cuando está en plena floración, pues llega a cubrir su copa de flores de color blanquecino. Su follaje está formado por hojas compuestas con foliolos de un verde intenso. Característica no menos atractiva es su corteza que, al estar surcada por grietas, le imprimen al vegetal la apariencia de ser muy antiguo.

La ceiba de La Habana

Foto tomada de: http://havana-live.com/noticias/ritual-de-la-ceiba-por-cumpleanos-de-la-habana/

“Detén el paso, caminante, adorna este sitio un árbol, una ceiba frondosa, más bien diré signo memorable de la prudencia y antigua religión de la joven ciudad…”.[2] Es esta la inscripción que revela el vínculo de un árbol con el establecimiento definitivo de la actual capital de Cuba. Se dice, que bajo un frondoso ejemplar, un 14 de noviembre de 1519 se celebró la primera misa, y primer Cabildo. Tal ha sido de firme la fidelidad a la creencia, que justo allí se erigió un monumento, conocido como El Templete, donde una y otra vez ha estado presente una ceiba (Ceiba pentandra). Y, cuando se conmemora el aniversario del acto de fundación, tiene lugar una arraigada ceremonia: girar en tres ocasiones en torno al tronco del árbol in situ e invocar un deseo, buscando el favor de ser concedido.

Quizás la característica más notable de esta especie es su gruesa armazón, integrada por sus raíces, el tronco y las ramas. Es un árbol que forma parte del estrato superior de las selvas del trópico americano, aunque cuando vive aislado no crece tanto como lo que se ensancha su copa. Esta especie pierde sus hojas durante los meses de escasas lluvias, lo cual da paso a una prolífera floración que, posteriormente, conduce a la formación de numerosos frutos con forma de cápsulas, similares a un torpedo. Los frutos, una vez secos, se abren y liberan las simientes, que auxiliadas por una “mota” conocida como kapok, el viento dispersa y con ellas mil historias.

El tamarindo de Santa Clara

Foto tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Monumento_Fundacion.jpg

He aquí un caso curioso: el árbol símbolo de la ciudad de Santa Clara es una especie exótica, o sea, no es autóctona o nativa. Esta planta tiene su área de distribución natural en la región central del continente africano. Es discutido si en el momento de la fundación de la villa era posible contar con la presencia de dicha especie. En lo particular me inclino por la veracidad de la creencia de que bajo la sombra de un frondoso tamarindo (Tamarindus indica) se reunieron 18 familias (algunos consideran que trece) para fundar la villa el 15 de julio de1689.

De cualquier manera, plantar un ejemplar de este árbol cada aniversario de la fundación es una firme tradición que acontece en el entorno de la monumental Loma del Capiro. Este noble ritual constituye un recurso educativo loable que incentiva la plantación de árboles y el fomento de bosques para y por la comunidad. ¡Y ya han plantado 341!

El tamarindo es un árbol corpulento y su espesa copa es la principal atracción paisajística. Sus flores no son vistosas. Los frutos, esa vaina cuya pulpa nos deleita en refrescos y dulces, son fácilmente reconocibles debido al palpable contraste entre su coloración parda y las ramas que por ese tiempo de convite están muy escasas de hojas. Esta especie presenta una favorable adaptación a la sequía y a terrenos áridos.

La majagua de Cienfuegos

Foto tomada de https://revistasexcelencias.com/revista/excelencias-turisticas-no166/

La ciudad de Cienfuegos goza de una peculiaridad, pues su árbol símbolo no es precisamente aquel bajo el cual se reunió el grupo de 46 fundadores, aunque como curiosidad cabe destacar que sus nombres son muy parecidos. El primero, o sea, el árbol símbolo es la jagua (Genipa americana); y el fundador, la majagua o demajagua (Talipariti elatum).

Para poner el asunto más confuso el sitio escogido para la ceremonia fue la Península de Majagua; sin embargo, el primer nombre del asentamiento fue Fernandina de Jagua, en alusión al rey Fernando VII de España y al cacicazgo aborigen que tenía por sagrado el árbol de jagua, pues le atribuían ser el progenitor de la mujer que engendró a las primeras de su género en la Tierra.

Así todo, las crónicas de la primera villa francesa en la Cuba dominada por España recogen que, bajo una frondosa majagua, se establecieron las normativas urbanísticas de esa bella ciudad y quedó marcada la dirección de las primeras 25 manzanas, las mismas que son parte de un total de 70 que hoy conforman el Centro Histórico de la ciudad, al que le fuera otorgado la categoría de Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2005.

En la actualidad, ejemplares de esta especie engalanan con su porte elegante, sus hojas acorazonadas y sus útiles flores, lo mismo amarillas que rojas, el parque Martí y numerosas calles y avenidas cienfuegueras.

Referencias

[1] Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, por sus siglas en inglés.

[2] Eusebio Leal: La Habana, ciudad antigua, Ed. Letras Cubanas, 1988, p. 7.

Nota: Este trabajo es una producción original de Cienfuegos Verde.

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