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Cienfuegos Verde

Bosque y Comunidad

El árbol jagua en la literatura

Por: Harlem Eupierre

Árboles verdes

Entro
a los árboles verdes
¡muchos, muchos!
para
curarme. Des
pués:
soy
verde.

Samuel Feijóo. 1973.

I

La palma real (Roystonea regia) y la ceiba (Ceiba pentandra) son indiscutiblemente los árboles más referenciados en la literatura nacional, no en balde son considerados símbolos, dados sus atributos naturales y culturales como también por su omnipresencia en el territorio cubano. Visto desde la escala local, lo mismo aplica potencialmente para la jagua (Genipa americana), árbol atributo de la ciudad de Cienfuegos, con la diferencia de que nuestro árbol apenas ha estado presente en el entorno citadino y con ello la inspiración para los artistas ha venido a menos.

Veinte años atrás un escritor y acucioso investigador literario cienfueguero tuvo la humildad de aceptar y llevar hasta “Ariel”[1], la revista cultural de Cienfuegos, un artículo que se escribiera sobre el árbol jagua, con la pretensión de colocar algunos conocimientos sobre el símbolo y despertar así el interés por la comunidad en rescatarlo. Esta vez y con la inercia dejada por ese “argonauta”: José Díaz Roque, nos animamos a presentar estas notas.

Es preciso aclarar que no pretendemos hacer un compendio bibliográfico literario sobre el árbol, ni citar caprichosamente las menciones a él. Sí ofrecemos condensadas aquí, en cambio, aquellas referencias que puedan utilizarse para la creación y el conocimiento general sobre la especie, aunque algunas no sean obras literarias propiamente dichas. Consideramos importante, además, señalar que las referencias que incorporamos en esta comunicación son para: primero, demostrar que el vegetal no ha estado desapercibido del todo por los escritores; segundo, que la jagua, por sus características, es llamativa y provoca a las musas de la inspiración; y tercero, aun con todo el valor natural y cultural que ostenta, ha sido pobremente tratada en la literatura reciente.

II

Nos sorprende que en la literatura local publicada y más conocida no abunden obras basadas o que hagan alusión al árbol directamente. No encontramos referencias, por mencionar algunos ejemplos notables, en la obra de Clotilde del Carmen, nuestra primera poetisa, ni del “Hijo del Damují” Antonio Hurtado del Valle, ni de Mercedes Matamoros, la mejor poetisa cienfueguera al decir de su más ferviente estudioso: Florentino Morales, ni de Eduardo Benet,  patriota mambí y prolífico poeta cienfueguero; a pesar de que todos ellos trataron el tema del paisaje y la identidad cultural en sus obras.

En la extensa obra literaria del insigne y recordado literato e historiador, Florentino Morales Hernández (Yaguaramas. 1909-1998) “poeta plástico, descriptivo (…) de la flora y la fauna cubanas”[2], donde se trata la historia, cultura y naturaleza del territorio, sabemos por las referencias registradas en el libro[3] “Biobibliografía…” que este escribió en 1989 una composición titulada “La jagua, árbol típico de Cienfuegos”; sin embargo, no ha sido publicada en ninguna obra suya o sobre él dada a la luz en Cienfuegos, ni en trabajos periodísticos, o selecciones, o antologías. Allí también aparecen, junto a la obra de la jagua citada, otras tres relativas a la ciudad. Nótese el detalle de que el año de creación coincide con el aniversario 170 de la fundación de la ciudad de Cienfuegos. Esta composición de una cuartilla por extensión, asumimos sea un poema, no ha sido posible hallarla entre los archivos del autor que atesora la Biblioteca Provincial de Cienfuegos, el entusiasta de Cienfuegos Verde Luis E. Carnot ha realizado ingentes gestiones, pero todo ha sido infructuoso.

¿Estaría nuestro vate incorporando la composición sobre la jagua y las otras tres obras, al libro “Xagua”, inédito hasta hoy? según le refiere en comunicación privada[4] a su amigo y consultor José Ma. Chacón y Calvo diciendo: “Ahora estoy trabajando en un libro que titularé “Xagua”, el cual contendrá exclusivamente versos de ambiente local”.

Igualmente, llama la atención que Florentino haya trabajado en su “Romancero de Jagua” la mitad[5] de las leyendas expuestas por Adrián del Valle y no se haya inspirado en la leyenda de jagua, que es la que relaciona al árbol de marras y que destacaremos más adelante. Algo similar ocurrió con “Fauniflora cubana” cuyo libro original, inédito aun, contiene más de doscientos[6] sonetos bucólicos y ninguno está dedicado al representante de la flora que es atributo de la ciudad.

He aquí entonces que nos preguntamos ¿Sería posible que los estudiosos de la obra de Florentino o antologistas mayores como Cintio Vitier, Samuel Feijóo, o Virgilio López Lemus omitieran la inclusión de esta composición en alguno de sus respectivos compendios, aun conociendo el apego del bardo a los temas de la historia cienfueguera? ¿Habría sido conocida por alguno de ellos?

Un as de la literatura cubana y amigo personal[7] de Florentino, Samuel Feijóo (San Juan de los Yeras, 1914-1992), anduvo como nadie por la campiña jagüense bebiendo de la sabia natural del folclor campesino y plasmó, quizás con el más alto lirismo, a la naturaleza y en particular los árboles en gran parte de su vastísima obra. El viajero de siempre como mejor lo describiría el autor de estas líneas, tampoco nos regaló una referencia al árbol, salvo en la mención que hace a la leyenda de Jagua en la recopilación que aparece en el libro: Mitos y leyendas de Las Villas[8] que tiene como basamento la obra de Adrián del Valle.

Tampoco Ángel Augier (Gibara, 1910-2010), en su libro dedicado a sus visiones arbóreas nos regaló una deferencia a la jagua. Sin embargo, si nos dejó junto a sus candorosos versos, un apotegma revelador: “todas las personas, en mayor o menor grado, amamos a los árboles”[9].

No conocemos trabajos publicados relacionados con el árbol de escritores contemporáneos que han compuesto obras relacionadas con la naturaleza o la identidad cienfueguera, dentro de ellos: Luis Gómez, Lourdes Díaz Canto, José M. Iznaga, Alberto Vega Falcón y José Ramón Calatayud. ¿Cuánta influencia negativa ha tenido en esta situación la casi total ausencia del árbol en la ciudad y en el conocimiento de los cienfuegueros por tantas décadas? No obstante, seguimos en la búsqueda de lo ya creado y aspiramos que el mero incremento de la presencia del árbol en los espacios citadinos, como ha venido paulatinamente ocurriendo, convoque a las musas y broten vástagos entre las líneas de un poema; o aparezcan, así de repente, flores de jagua entre las hebras de una novela o el drama de sus frutos sea la trama de un guión teatral.

III

“Historia de las Indias”, de Bartolomé de Las Casas (1561)[10]. El Padre Las Casas, reconocido como el “Protector Universal de los indios”, residió en las proximidades de la bahía de Cienfuegos (o Jagua), en un lugar del que no se tiene la certeza científica de su exactitud[11], aunque de acuerdo con sus propias descripciones se estima que haya sido en algún punto entre la laguna Guanaroca y las cercanías de la desembocadura del Rio Arimao, en el Mar Caribe. Las Casas se refirió al elemento más conspicuo de la jagua: su fruto, resaltando sus múltiples usos. La siguiente cita sobre el árbol quizá sea la primera documentada que se conozcan.

“Hay en esta isla asimismo unos árboles que los indios llamaban xaguas; arboles son hermosos y copados como naranjos, pero mucho más altos y la hoja verde escura, no me acuerdo á qué la pueda comparar; tiene una fruta de hechura de huevos grandes de abutardas, blanca la tez y dura por de fuera, lo de adentro no hay á qué lo pueda comparar de las cosas de Castilla. El zumo desta fruta es blanco y poco á poco se hace tinta muy negra, con que teñian los indios algunas cosas que hacian de algodon y nosotros escribíamos. Este zumo ó agua de las xaguas tiene virtud de apretar las carnes y quitar el cansancio de las piernas, y por esto se untaban los indios las piernas principalmente y tambien el cuerpo; despues de pintada se quita con dificultad en algunos dias aunque se lave. Estos mismos árboles y la misma fruta, á lo que parece, porque ninguna diferencia parece tener, hay en la isla de Cuba, y allí también los llamaban los vecinos naturales de allí xaguas; dándoles con un palo ó piedra, porque son duras, y poniéndolas juntas muchas dellas á un rincón, tres ó cuatro dias ó poco más, se maduran y se hace la carne dellas muy zumosa ó llena de un licor dulce como miel y cuasi de la color de la miel, que las hace como una breva muy madura, y tan dulcísimas, que pocas ó ninguna fruta les hace ventaja de las de Castilla, pero en esta Isla española no las comian los vecinos della, ó porque no cayeron en ello, ó porque por ventura son aquéllas de otra especie, aunque no lo parecen por ningun indicio [sic].”

“Espejo de paciencia” de Silvestre de Balboa (1608). Esta obra es considerada por muchos como el primer poema escrito en Cuba del que se puede dar fe documental. Su trama ronda entorno al secuestro del Obispo Fray Juan de las Casas Altamirano por el pirata francés Gilberto Girón y el rescate propinado por los vecinos de Yara (actual provincia Granma). En el “Canto Primero” se describe el entorno del lugar donde sucedieran los hechos (Bayamo), y se hacen exaltaciones a su naturaleza habitada por ninfas. El poema original fue descubierto en 1836[12]. Cabría preguntarse ¿estaría el autor estableciendo alguna comparación entre las cuatro ninfas legendarias de los árboles (las Dríadas) de la mitología griega con las deidades tainas indocubanas (Jagua dentro de ellas)? No se puede soslayar que esta región del oriente cubano era una de las provincias tainas más pobladas de aborígenes y aun en esa temprana época de la ocupación española de la isla de Cuba existían descendientes directos de los naturales cubanos.

Espejo de Paciencia (fragmento)

[sic]

Bajaron de los árboles en naguas
las bellas Amadríades hermosas,
con frutos de siguapas y macaguas
y muchas pitahayas olorosas.
De virijí cargadas y de jaguas
salieron de los bosques cuatro diosas,
Dríades de valor y fundamento,
que dieron al pastor grande tormento.

“Silva cubana” de Manuel Justo de Rubalcava (1790-1805)[13]. Escritor, pintor y escultor santiaguero del sigo XVIII, se ubica entre aquellos pioneros de la literatura cubana. Escribió varios poemas de temas bucólicos, en este que citamos, contrapuntea líricamente los valores de las frutas nativas con las europeas, de ahí que este poema también se conozca como “Las frutas de Cuba”. La obra poética de Rubalcava fue editada póstumamente por Luis A. Baralt en 1848.

Silva cubana (fragmento)

La Jagua sustanciosa
con el queso cuajado de la leche
es aún más deliciosa
que la amarga aceituna en escabeche;
no se prefiere el óleo que difunde
porque acá la manteca lo confunde.

“Diario de campaña” de José Martí (1895). Nuestro Héroe Nacional, tuvo el contacto más cercano con la naturaleza cubana en la exuberante región suroriental de la isla de Cuba en su retorno a encabezar lo que él llamara “la guerra necesaria”. Durante su fatigoso recorrido desde Playitas de Cajobabo, sitio de su desembarco, hasta dos días antes de su muerte, en la confluencia de los ríos Contramaestre y Cauto, el 19 de mayo de 1895, el apóstol de la independencia registró entre muchas otras cosas, de forma muy sintética, sus valoraciones de la flora que fue encontrando a su paso, fue así como él describiera a nuestro árbol, señalando así la característica quizás más distinguible de la especie en su ambiente natural. Este diario se conoció públicamente en 1940[14].

“…la jagua de ancha hoja”

“Tradiciones y leyendas de Cienfuegos” de Adrián del Valle (1920). Este libro se creó expresamente como parte de las celebraciones por el primer centenario de Cienfuegos. El Hijo Ilustre de Cienfuegos, Pedro Modesto Hernández, imbuido de a lleno en la organización de los festejos, proporcionó al autor de la obra los resultados de la investigación histórica dirigida por él y así lo convidó, en un acto que hace honor a su nombre, a que la publicase como motivo de las festividades. Por la importancia histórica que lleva impregnada al darse a conocer antes que el propio libro, incluimos el texto íntegro (facsímil) según apareciera en el semanario “Bohemia”[15] dedicada por entero al centenario.

Jagua. Revista “Bohemia”. Vol. X. Habana. Abril 20 de 1919. Número 16. Página 7.Jagua. Revista “Bohemia”. Vol. X. Habana. Abril 20 de 1919. Número 16. Página 7.

“Memoria… de Cienfuegos”[16] de Pablo Rousseau y P. Diaz de Villegas (1920). Este es un de los clásicos de la historiografía local. Recoge los eventos más trascendentales en el primer centenario de la ciudad y sus alrededores. Los autores reconocen la escasez de información sobre los aborígenes de Jagua, no obstante, aprovechan bien los datos recogidos por los primeros colonizadores de la región, quienes llegaron a conocer al menos, dos descendientes directos de aborígenes como fueron: Yana que vivió hasta el año 1825 ó 1826 y de Doña Francisca Mendoza que murió en 1829 ó 1830, ambos de admirable longevidad.

“El nombre de Jagua significa principio, manantial, fuente, origen y riqueza. Fue considerada como la diosa que enseño a los hombres el ejercicio de la pesca, de la caza y de la agricultura. Tuvo su culto especial entre los aborígenes y un altar o templo que, según la tradición, existió en el lugar que ocupaba un pequeño cerro situado próximamente en el sitio limitado por las calles de Hourruitiner, de Clouet, Santa Elena y Santa Cruz; templo que consistía en un montón de piedras hacinadas junto al árbol de su nombre, ante el cual se celebraban fiestas periódicas en honor de la diosa”

“Cienfuegos, 17 de agosto” de Pablo Bonell Goytizolo y Empar Hernández (2012)[17]. Novela epistolar de ficción, cuya trama se desarrolla en Cienfuegos en los años 1873 y 1874, en pleno apogeo de la “Guerra de los diez años” y la penosa esclavitud. El fragmento que colocamos es parte de una carta que remite Agustín Goytisolo[18] a su esposa e hijos residentes en Barcelona en ese momento, ofreciéndoles las primeras impresiones a su regreso a la casa familiar en Cienfuegos, situada en la esquina de la Avenida Santa Elena (#60) y la calle D’Clouet (#31). En su ausencia tanto los negocios como la casa habían quedado a cargo de su hijo homónimo. ¿Sería esta “gran jagua”, recurrente en la narración, basada en aquella que Rousseau y Díaz de Villegas[19] refieren existía en la manzana contigua a esa edificación y que junto a un montón de rocas constituía un monumento donde los aborígenes rendían culto a la diosa Jagua?

“La casa de Cienfuegos mantiene su prestancia y no desmerece a la familia; contemplarla continúa siendo para mí motivo de satisfacción, de tranquilidad y de orgullo. Supe que apenas había cambiado nada cuando pude observar, al tiempo que la calesa enfilaba nuestra calle, que las bellas palmeras que crecen en el patio cabecean airosamente por encima del tejado y que se alzan todavía espléndidas y majestuosas, tal y como las recordaba. Sin embargo, la gran jagua que murió el año pasado ha dejado un gran vacío. Calló Agustín en sus cartas que, ante el evidente deterioro del árbol, hizo llamar a un científico, una eminencia que llegó directamente desde la Habana y que dictaminó sin pestañear que el árbol estaba sano. El mulato Cabrera, que acertó a pasar por allí, aseguró públicamente que la hermosa jagua tenía los días contados y fue debidamente reprendido por su insolencia. Pocas semanas después se vieron obligados a cortarla, puesto que amenazaba con desplomarse sobre el barandal del primer piso. Tío Vicente asegura que tía Telesfora, tan religiosa, halló en la muerte del árbol un oscuro presagio que debería alertar a los Goytisolo y se apresuró a llenar la alcoba de velones y de incensarios y a ordenar varias misas en la Purísima con el propósito de pedir protección para todos nosotros”

“Jagua, árbol legendario” de Jorge Verdecia Noguera (1999). Este integrante del grupo Cienfuegos Verde tuvo como fuente de inspiración el simbolismo del árbol. Este boceto de poema, perfectible y pendiente a una depuración de la técnica literaria sobre él; pretende al igual, ser un homenaje al intelectual cienfueguero Florentino Morales Hernández quien con sus sonetos bucólicos e históricos provocaron la imaginación del autor para este intento de poema.

Jagua, árbol legendario

Quiso Maroya desde su altura
servirse de tu simpar lozanía,
para engendrar la que fuera guía
en pesca, caza y agricultura.

Tu fruto de finísima textura
fue deleite para el naboría;
más aún, fue signo de gallardía
al disponer de la azul tintura.

El hacha sedienta del ignorante
y el cruel afán de lucro salvaje,
te desapareció con el monte.

Mas, tu pueblo te rinde homenaje,
cual hijo laborioso y consciente,
exaltándote en nuestro paisaje.

Cienfuegos, 18 de octubre de 1999

Este trabajo es interminable, la búsqueda es perenne porque así ha sido la creación literaria en nuestra tierra. Es preciso contar con más ejemplares de jaguas, es preciso fomentar nuestros bosques desde nuestra participación consciente y activa; y el arte, como excelsa expresión humana debe ser una herramienta imprescindible. ¡Plantar es crear!

 

Referencias:

[1] Revista ARIEL. Año. 4. 2001. No. 2. Pág. 10-14. El árbol jagua: símbolo de identidad. Harlem Eupierre. Una versión de este trabajo marcó el debut del sitio del Grupo Cienfuegos Verde www.cienfuegosverde.org

[2] Según lo catalogó José Guerra Flores en 1957, cuando valoraba el libro “Fauniflora cubana” de F. Morales

[3] Biobibliografía de Florentino Morales. Inés M. León, Lucia Morfa y Danilo Iglesias. Ediciones Mecenas. Cienfuegos. 2009. Ver página 106.

[4] Carta de F. Morales a José Ma. Chacón Dic. 9 de 1962. Consultar el libro “Epistolario José María Chacón y Calvo, Florentino Morales Hernández” Ediciones Mecenas. Cienfuegos. 2010. 160p. Ver página 41 y 55

[5] Un análisis de estas referencias puede verse en la publicación preparada por la investigadora cienfueguera Aida Peñarroche en el libro: “Romancero de Jagua (Selección)” Ediciones Mecenas. Cienfuegos. 2008. 191p. Ver páginas 24 y 25.

[6] En el prólogo de la muy reducida selección del libro original (solo 30 sonetos), su preparador José Díaz Roque destaca esta cifra que fue corroborada recientemente en la búsqueda realizada por Luis E. Carnot. Ver el libro “Fauniflora cubana (Selección). Ediciones mecenas. Cienfuegos. 1998. 44p.

[7] Un acercamiento a esta relación íntima entre ambos intelectuales puede percibirse en el libro: “Las cosas de Samuel”, José Díaz Roque y Doris Era González. Editorial Mecenas, Cienfuegos. (2000)

[8] Mitos y leyendas de Las Villas. Samuel Feijóo. Editorial UCLV (1965).

[9] Ver libro “Arbolario”, Ángel Augier. Ediciones Capiro (1998).

[10] Ver libro “Historia de las Indias”. Bartolomé de Las Casas. Edición El Camino (1875). Tomo V. Apéndice: “Apologética Histórica de las Indias” Capítulo XIV, Pág. 159.

[11] Aunque se ha hecho varias investigaciones al respecto, la más conocida localmente es la desarrollada por el arqueólogo e historiador cienfueguero Marcos Rodríguez Matamoros publicadas en cinco partes en la Revista Ariel

“La encomienda de Bartolomé de Las Casas y Pedro de Rentería” Año III, No. 2 del 2000 hasta Año V, No. 2 del 2002.

[12] Para comentarios sobre el poema consultar http://hist.bayamo.ohc.cu/sites/default/files/espejo_de_paciencia.pdf

[13] Para más detalles sobre el poeta consultar: https://www.ecured.cu/Manuel_Justo_de_Rubalcava

[14] La primera vez que se publicó el Diario de campaña de José Martí, fue en 1940, inserto dentro del libro “Diario de Campaña del Mayor general Máximo Gómez”. Consultar http://www.josemarti.cu/diario-de-campana-de-jose-marti-un-sueno-hecho-voz-y-poesia/

[15] Revista “Bohemia”. Vol. X. Habana. Abril 20 de 1919. Número 16. Página 7.

[16]“Memoria descriptiva, histórica y geográfica de Cienfuegos 1819-1919”. Pablo Rousseau y Pablo Diaz de Villegas (1920). Pág. 27

[17] “Cienfuegos, 17 de agosto”. 2012. Pablo Bonell Goytisolo y Empar Hernández. Editora Leer-e. Pág. 17-19.

[18] El nombre Agustín Goitisolo, nótese la variación en el apellido, aparece registrado en la historiografía local como uno de los más acaudalados peninsulares asentados en la Cuba de segunda mitad del siglo XIX. La casa citada fue conocida como Palacio Goitisolo y “La Catalana” indistintamente, hasta su demolición en 2018.

[19] Ob. Citada

 

Nota: Este trabajo es una producción original de Cienfuegos Verde.

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7 comentarios

  1. Hola amig@s. El ensayo que presentamos aquí fue preparado a partir de unas notas que habíamos escrito para la Guía para el manejo del árbol jagua, uno de los documentos importantes del Proyecto Una jagua para Jagua, destinado a los encargados de la atención de los arbolitos que hemos venido plantando, que suman ¡siete! Y otros muchos que están por establecerse en el entorno citadino. Lo preparamos con apremio para presentarlo como un sencillo homenaje a Cienfuegos en sus 202 aniversario, este pasado 22 de abril.
    Una vez que lo publicamos, pensamos que se imponía una ampliación de su contenido, ya extenso de por sí, pero que incluyera otros hallazgos literarios que aún no se habían procesados del todo y aguardaban por una inclusión concienzuda en el análisis de esta temática. Ahora, consideramos apropiado incorporarlos aquí, en los comentarios, para permitir así el acceso y el disfrute, como esperamos, de nuestros lectores.
    Queremos insistir que es nuestro firme propósito intentar dotar al público en general de elementos que estimulen el rescate del árbol tanto en su presencia física como en su valor sociocultural, y el arte es un vehículo esencial para lograrlo.
    Gracias.

    Nota: La numeración de las notas al pie mantienen una secuencia independiente de las presentadas en el ensayo original; si están, en cambio, de forma consecutiva en los comentarios.

  2. Anexo Uno

    “El Bibiribí” de Úrsula Céspedes de Escanaverino (1857). Bayamo es el crisol de la nación cubana, no solo conformado por los ideales liberadores de muchos de sus hijos, sino también por la influencia del paisaje en la modelación de esa identidad primigenia de lo cubano. En este poema [1] , dedicado al Cucalambé, su autora, bajo el seudónimo de: La serrana, incita a su destinatario a un duelo poético entorno al río Bibiribí (río Bayamo) cuya respuesta parece ser aquellos versos que él le dedicara y que expondremos más adelante. Úrsula se desempeñó como maestra por casi toda su vida y, luego de residir en varios lugares del país a causa de la persecución de los españoles a las familias de los insurrectos, terminó residiendo en una villa cienfueguera: Santa Isabel de Las Lajas, donde falleció el 2 de noviembre de 1874.
    El Bibiribí [2] (fragmento)
    [sic]
    (…)
    Sucedióme que logré
    Tener mis lares aquí,
    Y ahora diera no sé qué
    Por ver al Cucalambé
    Al pie del Bibiribí.

    Ese que formó de yaguas
    Su choza frente al Cayojo,
    Cuyas cristalinas aguas
    Preservan del sol las jaguas
    Y las matas del corojo.

    Dime, poeta que aclamo
    Como el indio a su Semí,
    ¿Si yo desde aquí te llamo
    Tú no vendrás a Bayamo
    A ver el Bibiribí?
    (…)

    “Adiós al ajiaco” y “A la serrana” de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo “El Cucalambé” (1855/1857). Con esa misma carga de siboneyismo y criollismo ya develado en las piezas anteriores, que son el germen de la poética cubana y que este poeta es su mayor exponente, el vate incluyó a nuestro árbol en dos extensos poemas [3] . En el primero, “Adiós al ajiaco”, el bardo oriental revela con gracia guajira: “De mi pobre cacúmen [sic] fuerzas saco, / Para cantar en contra del ajiaco.”. La segunda inspiración, “A la serrana”, responde a quien bajo ese seudónimo le escribe un poema provocando su inspiración y que referimos antes. Es notable que en ambas composiciones cucalambesianas se resalta la cualidad de la jagua como árbol cuya sombra se presta para tomar una siesta, o para colectar los lirios poéticos del autor. Este elemento evidentemente otros bardos toman prestado.

    Adiós al ajiaco [4] (Fragmento)
    [sic]
    (…)
    Yo, del mal pozo beberé mal agua
    Y descalzo andaré por una breña,
    Y cubierto tambien con una yagua
    De noche dormiré sobre una peña;
    Yo sestearé á la sombra de una jagua
    Como el labriego cortador de leña,
    Y hasta en cachimba fumaré tabaco,
    Que engordar con los trozos del ajiaco.
    (…)
    Diciembre 2 de 1855
    _________________________________________

    A la Serrana [5] (Fragmento)
    [sic]
    ¿Qué voz melodiosa es esa
    Que me conmueve y me halaga?
    ¿Qué acento es el que me embriaga?
    ¿Qué sonido me embelesa?
    ¿Serán del dulce palmar
    Rumores blandos y lentos?
    ¿Será la voz de los vientos?
    ¿Será el murmullo del mar?
    ¿Será la queja lejana
    De la tórtola que gime?…
    ¡Oh! nó, nó: esa voz sublime
    Es la voz de la Serrana.
    (…)
    ¿Por qué me halagas así?
    ¿Por qué calmas mi pesar
    Y me llamas a cantar
    Al pié del Bibiribí?
    ¿Serán más dulces sus aguas
    Que las aguas del Cayojo
    Donde los lirios recojo
    Bajo el dosel de las jaguas?
    (…)
    Noviembre 22 de1857

  3. Anexo Segundo

    Varios poemas en “Cantos del Siboney” de José Fornaris (1856)[6]. Este libro del mismo autor que hemos tratado antes es quizá, la máxima expresión del siboneyismo en la entonces naciente poesía cubana. Fornaris entrega en esta, la cuarta edición, cuarenta y cinco poemas cargados de pasión por la vida, la naturaleza y la historia en torno a los primeros habitantes de Cuba. La mención reiterada (nueve poemas) a la jagua demuestra la cercanía del autor a la significación que esta especia representaba para los aborígenes indocubanos. El autor también dedica tres poemas a leyendas [7] de la provincia de Jagua que merecerían ser analizadas por los estudiosos. Antes de pasar a las referencias consideramos apropiado colocar una definición de Fornaris que dirigiera en carta a un crítico de su obra que le cuestionara severamente el tratamiento de su poesía novedosa: “A mí solo me corresponde sostener, y lo sostendré siempre, que los cantos del Siboney bien manejados pueden dar gloria al que sepa sacar de ellos todo el partido de que es susceptible una hermosa y original poesía ” [8] y este es el espíritu que nos acompaña en esta empresa: que este ensayo estimule la búsqueda y la creación artística asociada al árbol jagua.

    La serrana de Jiguaní [9] . (Fragmento)
    [sic]
    (…)
    Me senté sobre una roca
    A la orilla de un torrente,
    Llevé a las manos mi frente
    Y me puse á suspirar:
    A poco morena vírgen
    A la sombra de una jagua,
    Al blando rumor del agua
    Se puso alegre a cantar,
    (…)
    _____________________________

    El casique del Camagüey [10] (Fragmento)

    [sic]

    Ven á la márgen de los arroyos
    Bajo el follaje de verde jagua,
    Ven, entre lirios, al són del agua,
    Hija preciosa del Siboney;
    Tú, Catalina de mis delirios,
    Ven á mis montes de cedro y juba;
    Piña del valle, palma de Cuba,
    Yo soy casique del Camagüey.
    (…)
    ________________________________

    La gruta [11] (Fragmento)

    [sic]
    (…)
    He descubierto á nuestro amor, mi vida,
    Aún más hermosa que el feliz bohío,
    A las orillas del callado rio
    Gruta escondida.

    Allí se elevan tropicales jaguas
    Por la hendidura de entreabiertas bocas,
    Y forman tazas de preciosas rocas
    Límpidas aguas.
    (…)
    _________________________________

    La hamaca [12] (Fragmento)

    [sic]

    Aquí sobre las rocas
    Yo vivo en las riberas
    Del fértil Yarayó:
    A orillas del este rio,
    Al son de sus corrientes
    De dos palmeras verdes me hamaca cuelgo yo.
    (…)
    Aquí sobre los juncos
    Las aves en bandadas
    Se posan junto á mí;
    Y ruedan con los vientos
    Las pencas de los cocos,
    El fruto de las jaguas, la flor del ponasí.
    (…)
    ______________________________________

    El Siboney [13] (Fragmento)

    [sic]

    Vivo bajo las jaguas
    En unión de las tórtolas sencillas,
    Del fértil Yarayabo en las orillas….
    Soy el hijo del Sol y de las aguas.

    (…)

    Oh! Ven bajo las jaguas,
    Ya nos espera la vecina sierra;
    Soy Siboney, bendita está mi tierra,
    Soy el hijo del sol y de las aguas.
    _____________________________

    Leya y Yarino [14] (Fragmento)

    [sic]
    (…)
    Tu faz graciosa, tus dientes blancos
    Más que las flores de la Macagua,
    Tu boca fresca como la jagua,
    Tu pelo negro como el totí:
    Oh vuelvo á verte, cubana mia,
    Oye mis cantos, oye mi queja,
    Porque te busco como la abeja
    Busca á las flores del jaimiquí. –
    (…)
    _____________________________

    El Guáiro [15] (Fragmentos)

    [sic]
    (…)
    Narina, soy hijo
    Del Sol y de las aguas;
    Me visten las hojas
    De verdes bananos;
    Sustentan mi vida
    El fruto precioso que arranco en las jaguas,
    El grato carey,
    Y en montes y llanos
    Guanaras, jutías.
    Felices serémos;
    Boguemos, boguemos,
    Yo tengo mi guáiro, yo soy Siboney.
    (…)
    __________________________________

    La pescadora de Maniabón [16] (Fragmento)

    [sic]
    I

    En tardes bellas en mi canoa
    Triste navego por este rio,
    Y ayes exhalo del pecho mio
    Del agua al ruido, del remo al són.
    Y es que me acuerdo de tus sonrisas
    Cuando una tarde bajo las jaguas,
    Ví tu barquilla por estas aguas,
    ¡Oh Pescadora de Maniabón!
    (…)
    _____________________________

    Invitación [17] (Fragmento)

    [sic]

    En el limpio Casiguaguas
    Cantando glorias del Hatuey,
    Navegan en sus piraguas
    Los hijos del Siboney.

    I

    Ven, cubana, que ya el dia
    Se oculta tras las palmeras,
    Y quiero en estas riberas
    Decirte que tu eres mia.
    Ven á oir la melodía
    Que vierten aquí las aguas,
    Ven á ver bajo estas jaguas
    Al pié de floridas lomas
    Como beben las palomas
    En el limpio Casiguaguas.
    (…)
    _______________________

  4. Anexo Tercero

    “El arroyo en creciente” de José Fornaris (1863). Una vez más Fornaris nos regala una composición suya relacionando al árbol jagua. En este se constata la constante alusión al árbol en el entorno ribereño, donde inspira la proyección de la copa sobre las aguas, temas de los que no se aparta el autor al trabajar la especie en sus obras. Esta feliz recurrencia nos hace pensar que José quizá mantuvo grabada en su memoria la imagen de una soberbia jagua que le aparece en sus visiones bucólicas.

    El arroyo en creciente [18](Fragmento)

    A Julia
    [sic]

    Ayer corrió el arroyo de linfa transparente
    En cauce reducido con lánguido rumor,
    Hoy surge caudaloso bañando su corriente,
    Acá las verdes palmas, allá la blanca flor.
    (…)
    ¡Oh! ven, hermosa Julia, volvieron frescas aguas
    Al cauce del arroyo que seco viste tú,
    En límpidos cristales dibújanse las jaguas,
    Y el mórbido follaje del rustico bambú.
    (…)
    Habana, 1863
    Cuatro poemas en, “Poesías” de José Fornaris (1888)[19] . En este libro aparecen cuatro poemas con alusión a la jagua. Sobre el primer poema es preciso decir que el poeta publicara otro [20] con título más corto, La madrugada, cuya composición es diferente y no incluye al árbol jagua. En el segundo poema se trata en la jagua su cualidad como árbol frondoso invitando a pasar una siesta, idea que el Cucalambé había trabajado antes en el poema Adiós al ajiaco. El tercer poema, El arroyo en creciente, es una variación del que ya habíamos tratado antes con el mismo título. La cuarta composición también es una variante del poema homónimo que ya habíamos expuesto. El autor colocó una nota al final de esta composición que dice: “Esta canción se cantó mucho en el interior de la isla, acompañada del tiple ó de la guitarra.”

    La madrugada en Cuba [21] (Fragmento)
    [sic]
    (…)
    ¡Cómo reluce en las hojas
    la luna de madrugada!
    Sobre los verdes guayabos
    tiende el perico las alas,
    que parecen con la luna
    abanicos de esmeralda;
    de revoltosos totíes
    las negras plumas resaltan,
    como ramas de azabache
    sobre los mangos y jaguas.
    (…)
    1869
    ______________________

    A Juan Nápoles Fajardo [22] (Fragmento)

    (…)
    VIII
    Ofertas
    [sic]
    (…)
    Al rayar el alba fría
    Tendrás en taza espumosa
    Leche tan pura y sabrosa,
    Como tu amor, Lola mía.
    Y al llegar el medio día,
    Al pié de la fácil cuesta,
    Que está al fin de la floresta
    Bajo las frondosas jaguas,
    Al son del aire y las aguas
    Vendrás á pasar la siesta.
    (…)
    ______________________

    El arroyo en creciente [23] (Fragmento)

    [sic]

    Ayer corrió el arroyo de linfa transparente
    En reducido lecho con lánguido rumor.
    Hoy surge caudaloso y arrastra en su creciente
    Los juncos de la orilla, las hojas de la flor.
    (…)
    Aquí, preciosa Julia, bajo frondosa jagua
    Dichoso reposemos, no te detengas no;
    ¡La sed me abrasa tanto! ¡Tan fresca corre el agua!
    Haz copa de tus manos, y en ellas beba yo!
    _________________________________________

    El Siboney [24] (Fragmento)

    [sic]

    Vivo bajo las jaguas:
    En unión de las tórtolas sencillas,
    Del fértil Yarayabo en las orillas:
    Soy el hijo del Sol y de las aguas.

    (…)

    La espero aquí en las jaguas
    Que están al pié de la encumbrada sierra……
    Soy Siboney! Bendita está mi tierra!
    Soy el hijo del sol y de las aguas.

  5. Notas.
    1. Para leer parte de esta composición y conocer sobre la influencia de los poetas bayameses y la gestación de la nación, consultar el ensayo “Los poetas bayameses del siglo XIX y la “invención” de Cuba”. En Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí” de Cuba. La Habana. 2008, julio-diciembre. Pág. 166-173. Consulta en línea: https://ufdcimages.uflib.ufl.edu/AA/00/01/92/19/00022/Revista%20BNJM_2008_Julio-Diciembre.pdf
    2. Ob. Citada. Páginas 171-172
    3. Estos dos poemas son parte de una Selección de composiciones del autor que aparece en el libro: Colección de poesías inéditas del popular vate cubano D. Juan C. Nápoles Fajardo (El Cucalambé). Primera Edición. Gibara. Establecimiento Tipográfico a cargo de M. Bim. 1886. Consultar en: https://www.google.ca/books/edition/Colecci%C3%B3n_de_poes%C3%ADas_in%C3%A9ditas_del_pop/7ooCAAAAYAAJ?hl=en&gbpv=1&dq=inauthor:%22Juan+Crist%C3%B3bal+N%C3%A1poles+Fajardo%22&printsec=frontcover

    4. Ob. Citada. Pág. 91-94. Poema Adiós al ajiaco
    5. Ob. Citada. Pág. 143-147. Poema A la serrana
    6. Originalmente la obra fue publicada por primera vez en 1856; no obstante, a los efectos de este trabajo fue consultada la cuarta edición, corregida y aumentada, de 1862: Cantos del Siboney. José Fornaris. La Habana. 1862. Imprenta La Antilla. Cuarta Edición. Para su lectura puede accederse a la copia digital en: https://books.google.ca/books?id=e6ZGAAAAMAAJ&printsec=frontcover&authuser=0&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false . Los números de páginas referidos a esta obra serán los de su edición digital.
    7. Ob. Citada. Pág. 20. Poema VI. “Oselina”; Pág. 25. Poema VIII. “Leya”, y Pág. 43. Poema XII. “Analey”. Fornaris también hace alusión en varios poemas a la provincia aborigen de Jagua.
    8. Ob. Citada. Pág. XXVII. Esta carta debería leerse con atención pues el autor hace galas de su amor por Cuba y enarbola principios que abrazamos hoy como parte de nuestra identidad nacional.
    9. Ob. Citada. Pág. 10-13. Poema III. La serrana de Jiguaní. ¿Sería este poema el que sirviese de inspiración a la poetisa bayamesa Úrsula Céspedes para ocultarse tras el seudónimo “La serrana”? Vea las notas en al respecto en la entrada en este ensayo dedicada al Cucalambé. Es muy probable que la cualidad del árbol como sombra, repetida por los dos bardos anteriormente citados, haya surgido con este poema, pues fue publicado primero que aquellos.
    10. Ob. Citada. Pág. 22-24. Poema VII. El casique de Camagüey [sic]
    11. Ob. Citada. Pág. 50-52. Poema XIV. La gruta
    12. Ob. Citada. Pág. 53-54. Poema XIV (así aparece, evidente error tipográfico). La hamaca
    13. Ob. Citada. Pág. 58-60. Poema XVI. El Siboney. Este poema hace dos referencias a la jagua. Una en la primera estrofa y la otra en la última. Curiosa referencia en el verso último de estas dos estrofas que nos hace pensar en la leyenda de Guanaroca: Huion, hijo del sol; y Guanaroca creadora de las aguas y progenitora de los primeros hombres.
    14. Ob. Citada. Pág. 87-89. Poema XXIII. Leya y Yarino
    15. Ob. Citada. Pág. 92-95. Poema XXV. El guáiro. Vea el comentario sobre “soy hijo del Sol y las aguas” en la nota 26.
    16. Ob. Citada. Pág. 107-108. Poema XXXI. La pescadora de Maniabón
    17. Ob. Citada. Pág. 127-128. Poema XL. Invitación. Una glosa inspirada en sus poemas “La flor del Casiguaguas” y “Al Casiguaguas”, nombre aborigen del río Almendares, al oeste de la bahía de La Habana.
    18. Cantos Tropicales. José Fornaris. 1874. Imp. Walder. Paris. Pág. 51-52. El arroyo en creciente.
    19Poesías de José Fornaris. 1888. La Habana. Imp. La Universal. Consulta en línea: https://play.google.com/books/reader?id=OHAoAAAAYAAJ&pg=GBS.PA239
    20. Ver Poema La madrugada (páginas 45-49) en: Cantos Tropicales. José Fornaris. 1874. Imp. Walder. Paris. Este poema fue compuesto en La Habana, en 1861. Nótese el tratamiento diferente de ambos poemas, aun con títulos casi iguales. Consultar en: https://books.google.ca/books?id=bwRhAAAAcAAJ&printsec=frontcover&authuser=0&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
    21. Poesías de José Fornaris. 1888. La Habana. Imp. La Universal. Consulta en línea: https://play.google.com/books/reader?id=OHAoAAAAYAAJ&pg=GBS.PA239. Pág. 237-242. La madrugada en Cuba
    22. Ob. Citada. Pág. 265-284. A Juan Nápoles Fajardo
    23. Ob. Citada. Pág. 307. El arroyo en creciente
    24. Ob. Citada. Pág. 419-420. El Siboney.

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