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Cienfuegos Verde

Bosque y Comunidad

El preludio de emprendimientos futuros

¿Por qué sembrar un árbol, dónde y a quiénes involucrar? ¿Cómo hacer que la plantación y el cuidado de los arboles sean plurales y sus beneficios cada vez más inclusivos? Estas interrogantes-expectativas rondan cada acción que Cienfuegos Verde emprende. Voluntarios, trabajadores de la Salud pública, de la Cultura, las ciencias, la construcción y las instituciones educacionales en casi todos sus niveles de enseñanza se han implicado con el grupo a lo largo de todo un año de trabajo en el que el proyecto Una jagua para Jagua se ha convertido ya en una responsabilidad de todos y no solo del variopinto colectivo de entusiastas.

También han surgido retos, porque cada plantación es distinta y nuevos interesados los contactan cada día personalmente o a través de las redes sociales. Tal fue el caso de María de los Ángeles Sánchez, abuela de Francisco, uno de los veintiún niños que asiste a la Escuela de Autismo de nuestra ciudad.

María conoció de la existencia del grupo a través de la página de Facebook, cuando había iniciado con su nieto un proyecto familiar en la azotea de su casa: “Nos decidimos por las coronas de cristo, porque a Francisco le daban miedo los cactus y esa planta resiste muy bien el sol. La intención era hacer todo lo posible por encontrarle labores que contribuyeran a su desarrollo e inserción, y cuando vi la página de Cienfuegos Verde pensé que sería buena idea incluir no solo a Francisco, sino también al resto de los niños en este tipo de actividad que ellos pueden encontrar agradable y los prepara para la vida. Nosotros no vamos a estar siempre”.

Previa consulta con Arianna Ponce Madrazo, maestra de su nieto, y luego de varios encuentros con miembros de Cienfuegos Verde, María decidió compartir la idea en una reunión de padres. Allí encontró la disposición de la subdirectora Aniuska Arias Benavides, de las maestras y varios familiares, para formar parte de las labores de preparación y plantación de una jagua en el patio de la escuela, que se desarrollaron entre los días 9 y 13 de diciembre.

El autismo, considerado como trastorno del neurodesarrollo que afecta a las áreas de interacción social, las habilidades de comunicación y a las funciones ejecutivas y cognitivas, puede ocasionar dificultades en el aprendizaje, la comunicación, el juego y la conducta, [1] y su amplio espectro establece que no se puede hablar de uniformidad de síntomas o conductas. Por eso cada niño que conocimos en la Escuela Vilma Espín eligió dónde poner sus manos, junto a madres, abuelos y maestras que conducen su educación diferenciada.

Ese 13 de diciembre, Diego, Alejandro, Carlitos, Carlos Gabriel, Migue, Francisco, Alvarito, Amed, David, Leo, Raudel, Samuel Alejandro y Laura rellenaron el hoyo alrededor de la jagua. Apenas accedieron a tocar la tierra para cuidar la limpieza de sus manos, pero el entusiasmo por tomar la pala primero y la regadera después, motivó los comentarios y llamados de sus maestras y acompañantes: “con las dos manos, Francisco”; “ven, Migue, ahora te toca a ti”.

La agitación por hacer algo nuevo, aprender a controlar sus temores con la confianza que solo es capaz de provocar la naturaleza y la visión de esa jagua que adorna ahora el patio de su otra casa, convirtió la jornada en una fiesta para todos los niños; por ahí andan las imágenes de Alejandro y Migue que quisieron lucir la pachanga de Yordenis. Y es esa justamente la esencia de plantar un árbol, asistir a una fiesta, o dicho de otra forma para que María sonría: el preludio de cualquier emprendimiento futuro.

 

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2 comentarios

  1. Gracias Mili te agradecemos, por supuesto que sonreiremos, no nos faltara la alegría si variopintos entusiastas como ustedes nos acompañan en el camino del autismo.

  2. Sin pretenderlo seguramente, esta formidable noticia fue publicada un 6 de enero, día en que tradicionalmente muchas familias cubanas celebran el “Día de los reyes magos”, festejos especialmente dedicados a los niños y las familias, y que tuvo gran repercusión social varias décadas atrás.
    Sea esta nueva pues, un regalo a esos niños, a todos los niños sin excepción, para que les llegue la magia del saber, de la belleza y la virtud; porque ellos al decir del magnánimo maestro, José Martí: son la esperanza del mundo.

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